Rainer Werner Fassbinder, enfant terrible del cine alemán

 “Los hombres no crean personajes cinematográficos interesantes porque hacen siempre lo que creen que tienen que hacer. Mientras que las mujeres son frecuentemente capaces de hacer lo imprevisto. El cine para mí es, por encima de todo, una cuestión de imaginación. Ojalá la gente se diera cuenta de que la necesidad del antihéroe es mucho mayor que la del llamado héroe. Esto es muy difícil de plasmar en una película, pero de cualquier modo tengo que intentarlo porque los héroes y las figuras heroicas no me interesan en absoluto.”

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¿Qué sería del Séptimo Arte -y su evolución- sin directores visionarios, que osen romper las normas establecidas del cine de hechuras más clásicas? Rainer Werner Fassbinder se engloba en ese grupo de cineastas con afán rupturista, que buscan firmemente ofrecer una visión cinematográfica distinta, rompiendo con los requisitos más convencionales, especialmente en lo formal.

Fassbinder fue uno de los autores europeos más estimulantes y peculiares, gracias principalmente a sus melodramas fatalistas. Su figura artística se asocia al movimiento del Nuevo Cine Alemán, que se extiende desde finales de los años 60 hasta que su creador el propio Fassbinder falleció repentinamente a principios de los 80 -del cual, surgieron nombres tan laureados como Werner Herzog o Win Wenders, entre otros-. En sus primeros trabajos se encuentran reminiscencias de la Nouvelle Vague, pero es a partir de principios de los años 70, cuando su cine muta y se vuelve algo más accesible a un mayor sector de público aunque el cine de Fassbinder debido a su idiosincrasia -pasional sí, pero también mantiene un discurso críptico, intelectual y denso, con una vocación claramente transgresora y desmitificadora- difícilmente puede conectar a nivel emocional con un cinéfilo poco predispuesto o abierto de mente, es cine para espectadores selectos.

Fassbinder renuncia a un sentimentalismo exacerbado y lanza una mirada desgarrada y descreída -aunque en su fondo, en ocasiones, esperanzada- sobre el amor, retratado sin concesiones, con toda su belleza y crudeza, como una fuerza que puede salvarnos o destruirnos, tal como reza su ópera prima ”El amor es más frío que la muerte”. A su vez, trasciende la vertiente meramente romántica, para criticar abiertamente las raíces nazis de su Alemania natal, y expone temáticas sociales de permanente vigencia, como el racismo, la alienación o la homosexualidad, etc. Sus personajes suelen encontrarse en situaciones complejas, de permanente confrontación con las convenciones sociales -ya sea por sus ideales, sus tendencias sexuales, su manera de actuar, etc-. A modo en diversas ocasiones, de reflejos más o menos distorsionados de su propio ser, debido a que su condición de homosexual generaba mucha intolerancia a su alrededor.

Rainer Werner Fassbinder, se atreve a reinventar el melodrama estadounidense clásico, con un tono cáustico y desmitificador en el terreno amoroso, no se pliega a rasgos puramente comerciales made in USA, su cine huye de recursos facilones como el happy end y busca con ahínco, remover sentimientos y conciencias. Douglas Sirk -maestro del melodrama de la era dorada de Hollywood- marcaría fuertemente su cinematografía convirtiéndose en su mentor, Fassbinder emularía su estilo -especialmente patente en el tratamiento visual- pero desde una perspectiva más europea, innovadora y anárquica. Fassbinder que era un consumado cinéfilo, creó su propia voz, a partir de una serie de referentes cinematográficos -no sólo el ya citado Sirk, si no también, Nicholas Ray, Luchino Visconti, Ingmar Bergman, Max Ophuls…- e impregnando a sus películas, con la esencia de su personalidad atormentada, compleja e inconformista. No agradaba ni al sector conservador ni al liberal, generalmente.

Un genio precoz -fallecería con tan sólo 37 años, habiendo rodado algo más de 40 películas en total tanto para cine como para televisión, además de múltiples obras teatrales-, que asombraría al mundo, con un estilo mordaz, rompedor e irreverente. Al igual que sus películas, la intensidad también marcaría la forma de vida de Fassbinder, que viviría deprisa echando mano a malos hábitos como el tabaco, las drogas o el alcohol. Una existencia de excesos varios, que culminaría con un supuesto suicidio o sobredosis accidental, siendo hallado muerto misteriosamente en su domicilio.

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Fassbinder y el cine del viejo Hollywood

Es curiosa la relación de Fassbinder con el cine dorado americano. Sin haber rodado nunca en territorio yanqui, se pueden observar fuertes resonancias del mejor cine de esas latitudes en muchas de sus mejores obras. Rainer Werner Fassbinder fue un cineasta apasionado -y en su caso concreto, peculiarmente romántico- como lo eran Douglas Sirk, Max Ophuls, Nicholas Ray o Luchino Visconti, entre otros.

Fassbinder se aficionaría al cine del mítico Douglas Sirk cuando en su país natal, pudo disfrutar de una retrospectiva dedicada a su cinematografía. Decidió viajar a Lugano -Suiza- para conocerle en su residencia habitual. La fascinación que la obra tan bella de Sirk causó en Fassbinder, le llevaría a plasmar un paisaje singular sobre el reconocible universo cinematográfico sirkiano. ”Todos nos llamamos Alí” por ejemplo, puede verse como una especie de reinterpretación de ”Sólo el cielo lo sabe”, ambas narran amores marginados por una sociedad represora, en el caso de la de Fassbinder subyace una mayor carga de denuncia social, el director aprovecha para poner el dedo en la llaga, criticando con veracidad y ferocidad a una sociedad alemana tradicionalmente xenófoba. Así mismo, por seguir exponiendo solamente algunos ejemplos, personalmente considero a ”Las amargas lágrimas de Petra Von Kant” una especie de actualización fassbinderiana de ”Persona” de Bergman, y ”La ansiedad de Veronika Voss” podría definirse como un mix entre ”El crepúsculo de los dioses” de Wilder y ”La caída de los dioses” de Visconti.

Fassbinder es un autor fascinante y único, que por su condición de cineasta provocador -explícito cronista de temas controvertidos como el sexo, la identidad sexual o la xenofobia-, gozó de incomprensión en su época, su cine escocía en la sociedad alemana rancia y su persona creaba antipatías en la prensa por su actitud rebelde. El realizador -como tantos otros maestros del Séptimo Arte- tuvo una infancia infeliz debido al abandono de su padre médico, a partir de ahí desarrolló un odio eterno a su progenitor y al cuerpo médico. En la adolescencia descubriría sus sentimientos homosexuales. Como ha confesado el propio Fassbinder, utiliza sus obras como herramientas para exorcizar sus conflictos internos, dicho método, tiñe muchas de sus cintas de amargura y rabia.

Fassbinder se convirtió en un hombre-orquesta, controlando no solamente aspectos como la dirección y el libreto de sus obras, si no también el montaje, la producción, la fotografía, y colaborando ocasionalmente como intérprete en algunos de sus filmes.

”Magical Girl”: Carlos Vermut se confirma como un autor único de nuestro cine

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Se necesitan más cineastas españoles actuales con las agallas, el talento puro, la sensibilidad y las ideas claras de Carlos Vermut -Madrid, 1980-, con ”Magical Girl” deja constancia de una cinefilia desbordante -si uno se fija bien, se pueden observar reminiscencias o rasgos de obras de maestros de nuestro cine como Víctor Erice, Carlos Saura o Luis Buñuel- y de un talento singular, que si sigue creciendo a buen ritmo, se convertirá sin ninguna duda, en uno de los grandes y en uno de los nombres imprescindibles del cine español reciente -necesitado de nuevas y personales voces, que rejuvenezcan una valiosa cinematografía en peligro de extinción debido a los recortes y por consiguiente, las dificultades para filmar de realizadores emergentes o consagrados, son tiempos oscuros para un cine español que siempre tiene algo interesante que ofrecernos-.

”Magical Girl” se ha estrenado con pocas copias -pese a sus dos importantes premios en el Festival de San Sebastián, Concha de Plata al Mejor director y Concha de Oro a la Mejor película-, y es que es una propuesta difícil de vender para un público mayoritario,  considero que posiblemente agradará a los buenos cinéfilos, pero su aura autoral y sobre todo, su tono seco, crudeza y tristeza inherente -a pesar, de que al mismo tiempo, posee una gran ternura, memorables momentos emotivos y una conseguida carga poética e hipnótica en sus imágenes, es una película que deja huella-, además, de ser una cinta inclasificable -navega entre el cine negro,  la comedia amarga y el drama más descarnado-, está por tanto en las antípodas de la ligereza y la comercialidad que campan a sus anchas en las carteleras españolas -en las cuales, el cine americano monopoliza y hace más compleja la visibilidad de este tipo de títulos, y más, teniendo en cuenta, que la joya de ”Magical Girl” no cuenta con una fuerte campaña promocional ni numerosas copias repartidas por toda España, el espectador que vaya a verla, conoce su existencia de antemano y por desgracia, ese es un público reducido, un filme como éste, tiene los días contados en cartel, lo mejor que le puede pasar es que los Goya, le den una segunda vida, volviendo a estrenarla-.

 

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Asombra que ”Magical Girl” esté dirigida por un cineasta que no cuenta con un amplio bagaje artístico, ya que su película hace gala de una gran solidez argumental y de una dirección firme y arriesgada, revelándose como un joven autor español con mucha seguridad en lo que pretende contar y cómo y con una voz propia que cautiva -ya  en su ópera prima ”Diamond Flash”, que navegaba entre la fantasmada y el drama sin concesiones, demostraba que estábamos ante un autor inclasificable proclive a la división de opiniones entre los espectadores, pero con un discurso muy interesante y personal-, con ”Magical Girl” pule su estilo, perfecciona el montaje y entrega una obra conmovedora, desoladora y estupenda, más propia de un realizador con un gran recorrido detrás que de un director en ciernes, dotada de una madurez y sensibilidad muy notables.

”Magical Girl” es un salto al vacío en toda regla, desde la intrincada estructura narrativa -aparentemente lineal, pero que termina desvelándose como compleja, profunda y misteriosa, pero que jamás se podría definir como confusa-, pasando por los saltos entre géneros y algunos giros argumentales que maneja pero nunca la alejan del objetivo marcado, un dibujo de personajes muy bien trazado -esconden más de lo que muestran-, hasta la astucia y solidez de un guión férreamente construido por Carlos Vermut -que te mantiene enganchado a su turbia historia desde el minuto uno, sabiendo por ejemplo, abrirla y cerrarla de manera soberbia, y además, cerrando el círculo, porque el inicio y el desenlace conectan de manera muy clara-.

 

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Carlos Vermut proviene del mundo del cómic, pero en ”Magical Girl” demuestra ser también un verdadero cinéfilo, en su cinta encontramos sutiles ecos del cine de Carlos Saura -especialmente de ”Cría Cuervos” y ”Elisa, vida mía”- y de Luis Buñuel -sobre todo de ”Belle de jour”- estas similitudes evidentes cobran todavía más significado al declararse Vermut, admirador de estos dos maestros de nuestro cine. Pese a sus múltiples referentes artísticos, ”Magical Girl” posee identidad propia y una cierta originalidad al no recordar de manera excesiva a ningún título en concreto.

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Carlos Vermut hace un uso magistral de los espacios y silencios -su trama deja huecos para la imaginación y reflexión del espectador, dejando en el aire aclarar momentos clave del pasado y presente de sus personajes, su propuesta se vuelve más enigmática y estimulante siguiendo esta táctica de permitir que el espectador una las piezas del rompecabezas, ”Magical Girl” en coloquios posteriores a su visionado, crece en la memoria y se convierte en una pieza artística fascinante y mágica-.

Vermut demuestra buen gusto, inteligencia y talento en todo, desde la elección de la reducida banda sonora -esa ”Niña de fuego” de Manolo Caracol, con la cual, identificamos perfectamente al desequilibrado personaje de Bárbara-, optando por miradas y silencios muy significativos en lugar de la abundancia de diálogos innecesarios, la dirección de actores y hasta en los detalles más ínfimos -como en escoger insinuar, no mostrando abiertamente los tramos de la historia más crueles-. Uno de los calificativos más acertados para referirse a ”Magical Girl” sería sutil, tanto en los aspectos técnicos como en los interpretativos -la contención marca la totalidad de los magníficos trabajos de su reparto, hay que destacar sobremanera las antológicas y estremecedoras composiciones de un dúo maestro Bárbara Lennie y José Sacristán -la mujer fatal y el hombre de buen corazón-, retratando una relación tóxica, entre la obsesión, el amor imposible y la admiración-. Vamos, que salí encantada del cine, con una película arriesgada, poética y de singular belleza. Hay que seguir la pista muy de cerca a Carlos Vermut, estamos ante un autor muy potente, que muy posiblemente nos seguirá dando alegrías y sorprendiendo en el futuro. Su cine tiene la poco frecuente virtud de resultar clásico y moderno al mismo tiempo.

Y por último, un deseo: Espero que ”Magical Girl” suponga el encumbramiento cinematográfico definitivo de una actriz de raza como Bárbara Lennie -últimamente más encaminada su carrera hacia el teatro, que hacia el séptimo arte, pero que lleva dando muestras de su solvencia y versatilidad desde hace más de una década-.

 

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Andrzej Zulawski, desmedido pero fascinante cineasta polaco

 La vida privada es un escenario donde interpreto varios papeles que no me llenan. Pero los interpreto igual: sufro, creo, soy… Sé que hay otra alternativa, como el cáncer o la locura. Pero el cáncer o la locura deforman la realidad. La alternativa que tengo traspasa la realidad”.

Anna (Isabelle Adjani en ”Posesión”, de 1981)

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Andrzej Zulawski es uno de esos realizadores malditos, audaces y poco conocidos por el público mayoritario, que merecen una incansable reivindicación, por su grandísimo talento y por su perturbadora capacidad para remover e hipnotizar al espectador con su cine enfermo -en ocasiones, rozando o llegando a la repulsión-, brillante, perdurable y fascinante. Zulawski -con una más que considerable tendencia al exceso- se eleva pese a sus recurrentes imperfecciones formales, como un autor arriesgado, complejo, personalísimo, anárquico y necesario. Su filmografía desprende una negrura infinita -incluso en el terreno melodramático-.

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Zulawski empezó de ayudante de dirección de su compatriota Andrzej Wajda y de cortometrajista -filmó dos cortos de corte romántico, “Pavoncello” (1967) y “Piesn triumfujacej milosci”  (1969)-. Debuta en el largo, dirigiendo ”La tercera parte de la noche” en 1971, que remite a títulos perversos e imprescindibles posteriores como ”El quimérico inquilino” o ”El otro señor Klein”. Polaco de nacimiento (en Lwów, actual Ucrania, 1940) pero obligado a exiliarse en Francia -país, en el cual, ya había estudiado cine a finales de los años 50-, debido a la falta de libertad para contar sus particulares historias. A causa de la censura que sufrió su segundo largometraje ”Diabel” de 1972, toma la decisión de emigrar a territorio galo. Siempre comprometido y crítico políticamente hablando, tras el gran éxito que supuso su magnífico melodrama ”Lo importante es amar” con la sublime e inolvidable Romy Schneider en 1975, se plantea la posibilidad de volver a su país de origen a rodar ”On the silver globe”, nuevamente se encuentra con dificultades en lo referente a su libertad creativa, las autoridades percibieron en su nueva creación una crítica soterrada al totalitarismo soviético y paralizaron repentinamente el rodaje cuando solamente faltaba un 20% para finalizar -provocando que la película no se terminara de montar hasta 1987, incluyendo una voz en off que describía las escenas nunca rodadas- y finalmente se resigna a establecerse en Francia, donde le ofrecen manga ancha para desarrollar sus enfermizas películas. Es un director libre e independiente, que no sacrificó su integridad artística en favor de filmar en su Polonia natal bajo cuestionables condiciones.

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Las constantes de su cine son, principalmente, dos: el amor y la muerte, la mayoría de sus obras suelen girar en torno a estos dos aspectos esenciales que marcan la existencia. A través de un estilo marcadamente enloquecido, macabro, sórdido y repulsivo, Zulawski retrata con admirable pasión y pulso, auténticas y depresivas pesadillas cinematográficas, no aptas para cualquier espectador. Ha demostrado una incisiva y mordaz capacidad para extraer la sordidez inherente de muchas relaciones humanas, se podría definir como un hijo díscolo de Bergman, por la enorme profundidad e intimismo que emanan muchas de sus creaciones.

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”Provengo de la Escuela de Cine Francesa y comparto esa creencia, de que actuar -excepto casos aislados- es una ocupación femenina”. Andrzej Zulawski.

Personalmente, el cine de Zulawski crea un efecto curioso en mí, me repele por momentos, pero también me fascina otros muchos. En definitiva, me rindo ante su inconmesurable talento y la atmósfera malsana de sus obras, ejerce una poderosa fascinación y sus obras me terminan dejando huella tanto en mi retina como en mi alma. Cuando no te puedes sacar de la mente una película determinada y sigues dandole vueltas, es síntoma de que el director ha cumplido con su misión -no dejarte indiferente- tanto para bien como para mal. Zulawski, logra en mí, este efecto cada vez menos frecuente, sus películas son estimulantes, descarnadas y no exentas de enorme interés. Consigue atraerme y perdurar en mi mente, de manera similar, a otros directores oscuros deudores directamente del estilo de Zulawski, como son David Cronenberg o Roman Polanski, entre otros.

”Hago películas sobre lo que me está torturando y en ellas, una mujer sirve como una médium”. Andrzej Zulawski.

Me seducen los bichos raros cinematográficos, que se atreven a sobrepasar los límites aparentemente establecidos del cine más convencional e intentan retarnos a concebir el séptimo arte de una manera más desprejuiciada -abriendonos así, nuevos caminos en nuestro crecimiento como cinéfilos-, a través de una esencia cinematográfica en permanente estado de reinvención o evolución.  Admiro la fidelidad de un autor a su marcada identidad artística, que debería de ser ajena a modas y a concesiones demasiado comerciales. Evolucionar sí, pero no a cualquier precio.

”Sólo quiero filmar historias cinematográficas, que tengan algo de excesivo en su interior”. Andrzej Zulawski.

Zulawski además de ser un virtuoso en la dirección, ha demostrado una valiosa habilidad para dirigir actrices, en sus manos actrices bellísimas y potentes como Romy Schneider -”Lo importante es amar”, 1975- o como Isabelle Adjani -Posesión, 1981-, han alcanzado la perfección interpretativa, con personajes complicados de manejar ante el riesgo de perder la verosimilitud y terminar cayendo en la temible caricatura. Pero son intérpretes tan dotadas, que a través de las indicaciones de Zulawski, han logrado mantener el necesario equilibrio entre la sutilidad y la sobreactuación, construyendo así,  composiciones interpretativas sobresalientes e imperecederas.

En resumen, si eres seguidor de geniales raras avis como Polanski, Cronenberg o Lynch, Zulawski te hechizará.

Wong Kar Wai, el hipnótico maestro del melodrama actual

“En el Hong Kong de los 60, ir al cine era algo grande. Teníamos cines para películas de Hollywood, producciones nacionales, films europeos, pero no había uno específico para cine de arte y ensayo en aquel momento. Incluso el cine de Fellini fue tratado como si fuese comercial. De niño, pasaba la mayoría del tiempo, acudiendo al cine con mi madre. No sabíamos distinguir el cine de autor del comercial, simplememente nos gustaba ver cine. […] No fui a una escuela de cine, aprendí cine viendo películas, siempre he tenido esa curiosidad. Me decía, bueno y si hago una película en ese género o en ese otro? La curiosidad me condujo a intentar dirigir por mi cuenta.” — Wong Kar Wai.

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Nacido en Shangai el 17 de Julio de 1958, Wong Kar Wai emigró a los cinco años a Hong Kong. Provenía de la China Occidental y hablaba solamente en mandarín y shanghainés, tuvo que aprender a expresarse en cantonés. Motivado por su afán de integrarse en Hong Kong, acudía al cine con su madre habitualmente a ver todo tipo de películas, de esa manera descubrió su gran pasión, el cine. Después de graduarse en la Universidad Politécnica de Hong Kong como diseñador gráfico en 1980, se apuntó al Curso de Capacitación en Producción organizado por la Television Broadcasts Limited y se convirtió en guionista de televisión a tiempo completo. Nunca asistió a una escuela de cine. A mediados de los 80, trabajó como guionista y director para The Wing Scope Co.  y In-gear Film Production, las compañías productoras de Alan Tang, éste último convirtiendose en productor posteriormente de su debut en el largometraje con ”As tears go by” -1988-.  La carrera de Kar Wai despegó a raíz de su segunda película ”Días salvajes” -1990- a pesar, de ser un fracaso comercial en Asia, que le hizo perder a Tang gran cantidad del dinero invertido.

Poco a poco, ha ido ganando en prestigio, volviendose uno de los nombres más admirados y mimados del circuito de festivales y critico -al ser su cine, deudor de la mítica Nouvelle Vague, Cahiers du Cinema lo adora-. Y sobre todo gracias a ”Deseando amar” -en mi opinión, su obra cumbre, la más hermosa, hechizante y sólida de su filmografía- ha logrado ser reconocido por el público cinéfilo. Estamos ante uno de esos autores que enamoran, mediante sus hipnóticas historias -con un aura onírica- de amor desesperado, descarnado y pasional. Relatos poderosamente terrenales, alejados de excesivo almibaramiento e idealización innecesaria, facilitando la conexión y comprensión del espectador medianamente receptivo ante esas impagables imágenes que evocan multitud de sentimientos. Es asombrosa la capacidad que posee Kar Wai y sus maravillosos actores para traspasar la pantalla y decirte tanto a través de miradas y silencios, su cine está construído de pequeñas y cotidianas cosas, que cobran gran importancia vital, la sencillez por encima de la grandilocuencia. Es más, en ocasiones el simple recurso de la utilización de una determinada canción de fondo acompañada de la imagen en movimiento, te transmite infinidad de sensaciones, un ejemplo perfecto sería esa mítica escena de Tony Leung con la versión de ”Quizás, Quizás, Quizás” interpretada por Nat King Cole para ”Deseando amar”, deliciosa y estremecedora. En definitiva, un maestro del melodrama destinado a perdurar en el tiempo.

Su cine podría ser definido como una especie de modernización o actualización de lo visto y planteado dentro de esa corriente de renovación cinematográfica denominada Nouvelle Vague -que en los 60, supuso un antes y un después, tanto en el cine galo como en el mundial- aunque siempre bajo la personal mirada de Kar Wai y adaptado al mundo oriental -aparentemente, más conservador y menos demostrativo en el terreno afectivo que el europeo-.

Wong Kar Wai hipnotiza con su cine, a través de las bellas imágenes indelebles de sus películas, posee la poca frecuente capacidad de entrar de lleno en el corazón y la retina del cinéfilo dejando su huella, sus cintas no son únicamente una colección de bonitas estampas, si no que van mucho más allá. Es un narrador muy dotado, que a través de un apabullante y hábil uso del aspecto visual y musical, sus películas alcanzan altas cotas de brillantez y lirismo, convirtiendose en la mayoría de los casos, en auténticos y fascinantes viajes sensoriales. Sus films se ven y se sienten, rebosan sutilidad, elegancia, poesía y sentimientos a flor de piel.

 

Kar Wai está claramente influenciado por grandes como Douglas Sirk, Jean-Luc Godard y R. W. Fassbinder, no solamente en el ámbito visual, si no también, en el osado planteamiento formal, aunque -a pesar de su modernista envoltorio- muestra un evidente y embriagador clasicismo. Sus obras -todas ellas muy estilizadas- se caracterizan por un estilo visual único y subyugante y un romanticismo cautivador, propio de un romántico empedernido.

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Perfeccionista por naturaleza, domina y controla todos los campos de la creación de una película.  Rueda sin guión, lo cual exige un mayor rendimiento de sus actores para estar a la altura de sus personajes -sus musos desde sus comienzos, son los espléndidos actores Tony Leung y Maggie Cheung-, todo ello ayuda a extraer unas interpretaciones más genuinas y contenidas de su reparto. Filma sobre la marcha, cada película suya sufre en su rodaje de constantes cambios de argumento, lo cual alarga el tiempo de filmación todavía más, ha llegado a afirmar que le gustaría estar rodando eternamente.

Desde sus inicios con ”El fluir de las lágrimas” -”As tears go by”, 1988- se ha mantenido fiel a su estilo extremadamente romántico y poético visualmente, con alguna incursión en el género de acción -como ”Ashes of time” o ”The Grandmaster”- o en el cine anglosajón -My blueberry nights, 2007-, pero con el paso de los años, lógicamente, ha ido madurando su universo fílmico. En 1997 con ”Happy together” -su particular inconfesa versión de ”La ley del deseo”- se convirtió en el primer chino en conseguir el premio de Mejor Director en el Festival de Cannes.  Es director y guionista de la mayoría de sus películas y ha dirigido infinidad de spots publicitarios y vídeoclips. Fan confeso de Ingmar Bergman, asegura también, que el director actual que más le gusta es Danny Boyle. Su generación ha sido definida como la Nouvelle Vague de Hong Kong, él mismo reconoce como referentes cinematográficos a grandes cineastas como Robert Bresson, Alain Resnais, Michelangelo Antonioni o directores más contemporáneos como Martin Scorsese -su ópera prima ”As tears go by” recuerda a ”Malas calles”, por ejemplo-. Es más, la utilización en sus obras, de lentos travellings con vocación mostrativa, remite a un uso muy similar en los primeros trabajos de Alain Resnais como ”Hiroshima, mon amour” o ”El año pasado en Marienbad”, la primera de ellas, se asemeja especialmente a ”Deseando amar” y ”2046”.

Durante la promoción americana de su última película ”The Grandmaster” -estrenada en Enero en España-, Martin Scorsese presentó un pase especial en Nueva York de esta creación….

”Laurence Anyways” (Xavier Dolan, 2012)

”La llamo De la A a la Z, porque todo empieza y termina con ella”.

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”Laurence Anyways” es, al igual que ”Tom à la ferme”, un paso de gigante para Xavier Dolan, un autor con tendencia a la pedantería. En estos dos títulos, estiliza y madura su estilo, en favor de una narrativa más sólida y convencional. Dolan es un potente creador de bellas imágenes y un auténtico hombre orquesta (se encarga del vestuario, montaje, dirección, guión, etc).

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”Laurence Anyways” es un descarnado melodrama de hechuras clásicas, que puede remitir a cintas como ”Tacones lejanos” (Pedro Almodóvar, 1995)  o ”Punch-Drunk Love” (Paul Thomas Anderson, 2002) y si rebuscamos más atrás en el tiempo, encontramos a Douglas Sirk, el gran maestro del género, del cual, beben la gran mayoría de cineastas, incluído Dolan.

El complejo papel masculino principal, estaba destinado en un principio, para uno de los amigos de Dolan, Louis Garrel (el cual, aparece fugazmente en la secuencia final de ”Los amores imaginarios”), pero recayó finalmente en Melvil Poupaud.

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Laurence (Melvil Poupaud) un profesor de Literatura pero reconvertido a escritor, que mantiene una relación amorosa con Frederic (Suzanne Clément), decide tomar un paso decisivo en su vida, cambiarse de sexo y convertirse en una mujer. La impactante noticia, afectará y cambiará sus relaciones más cercanas (incluyendo un paulatino deterioro de su romance con Fred, que finalmente se amoldará a las convenciones, aunque inicialmente, parezca dispuesta a apoyarlo en esta quijotesca aventura) y su entorno social, teniendo de este modo, que luchar contra la represión sexual y la discriminación. La película abarca un largo período de tiempo (desde 1987 hasta 1999), en el cual, se va produciendo la metamorfosis de Laurence (como apunta a modo de evidente metáfora Dolan, mediante la aparición de una mariposa), deberá lidiar con las puertas que se le irán cerrando e intentará mantener a su lado al amor de su vida.

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Suzanne Clément, está magnífica en un papel que es un regalo para una actriz, su desgarro, veracidad y pasión, recuerda a interpretaciones trágicamente perfectas e inolvidables, como las de Romy Schneider en ”Lo importante es amar” o Emily Watson en ”Rompiendo las olas”, es un personaje femenino muy bien trazado. Melvil Poupard le secunda estupendamente, crean un tándem increíble.

”Laurence Anyways” es por encima de todo (aunque reincida en constantes del cine de Dolan, como la sexualidad o las relaciones maternofiliales), una desgarradora historia de amor, que por sus peculiaridades, se torna en un amor cada vez más imposible y doloroso. Una cinta muy recomendable. Personalmente, es la película que más convence de Dolan, la más redonda.

 

NOTA: 8.

 

”Los amores imaginarios” (Xavier Dolan, 2010)

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”Sé que era él. Nunca amaré a nadie tanto. Lo asumo. Sé que normalmente es más tarde cuando conoces a tu alma gemela.
Que mal. Ha pasado ahora a mis 25 años.
No tiene que ver con el sexo. No me importa el sexo. Eso no es lo principal.Lo importante es… despertarte con alguien,compartir la cuchara.Eso es lo importante,la cuchara…
Saber que si llega un mal tipo, hay alguien. Eso es una metáfora nunca llegan tipos malos…
Despertarse con el viento, un vientre cálido,la persona a la que amas respirando en tu hombro…
Eso es…la cuchara…”
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Sorprende, por su juventud, la cantidad de buen cine que exudan las películas de Xavier Dolan, sus referentes cinematográficos, van desde magníficos nombres de la Nouvelle Vague como Jean-Luc Godard o François Truffaut pasando por Pedro Almodóvar, Gus Van Sant o Wong Kar Wai (aunque él, curiosamente, se declara, fan devoto de Woody Allen, que no puede estar más alejado de su peculiar estilo, tan dinámico y videoclipero).

Si Tarantino consigue dotar a sus films de un sello propio pese a los múltiples homenajes o plagios que mete de películas que ha consumido compulsivamente desde su trabajo como dependiente en un videoclub, antes de ser cineasta, Dolan mezcla influencias cinematográficas de aquí y de allá en una coctelera y consigue plasmarlas en pantalla bajo su personal prisma (es un esteta, su estilo se mueve principalmente entre lo modernista, lo pretencioso y lo transgresor).

”Los amores imaginarios” bebe mucho de ”Jules et Jim” y ”Banda Aparte” (argumentalmente sobre todo, una dolorosa y pasional historia de amor o amistad a tres, de futuro, en ocasiones, incierto), pero visualmente y musicalmente entronca con la colorida y sentimental filmografía de Kar Wai, Dolan sin duda, ha mamado mucho cine, de diferentes latitudes y épocas -incluso de cine clásico americano, esta cinta hace alusión a él, a través de la figura de Audrey Hepburn, se mencionan títulos popularizados por ella, como ”Sabrina” o ”Desayuno con diamantes”, con el pretexto de que el arrogante y narcisista rubio protagonista, es fan confeso suyo-.

Esta película, es profundamente romántica, aunque se pierde entre escenas algo pedantes (a veces, posee una tendencia a considerarse demasiado guay, por ejemplo, con esos planos ralentizados tipo anuncio) pero lo que realmente me molestó,  son esas confesiones en primer plano de gente anónima que no tienen nada que ver con el trío protagonista, que -aunque aportan a la historia que se está contando-, personalmente considero que estorban, quedan forzadas y cortan innecesariamente el intenso relato principal de amores imposibles (el título de ”Los amores imaginarios”, no puede ser más acertado), por ese incómodo recurso, no se termina de ahondar completamente en la trama principal, quedandose algo coja. Los aspectos que he descrito, hacen que no termine de conectar con una historia tan apasionante y estéticamente tan bella, aunque me ha gustado bastante. Dolan tiene mucho talento, pero en esta película, se nota que es un realizador algo inexperto, la forma desequilibra al fondo, pero admiro su osadía y el hecho de que, aunque tenga determinados aspectos que pulir narrativamente (”Tom à la ferme” en ese aspecto, es un paso adelante, con una puesta en escena más sólida, natural y madura), suele siempre haber algo más que interesante que rescatar de sus creaciones, chispazos de un autor único.

La película habla de amores platónicos, las ilusiones amorosas y anhelos sexuales que creamos en nuestra cabeza, que luego no se corresponden con la realidad. El posterior dolor que se siente, cuando descubrimos, que lo creíamos que era amor, sólo era amistad. La cinta, a su vez, analiza la superficialidad que rodea a las relaciones, a través de Francis y Marie, como nos fijamos en otra persona por su agradable apariencia física y lo idealizamos, para después, encontrarnos con la triste realidad, no nos corresponde.

Francis y Marie (un gay y una chica inestable con tendencia a vestir ropa vintage, una especie de Anna Karina actual), conocen a Nicolas (un apuesto rubio engreído y manipulador), que los enamora al instante, por su innegable belleza y personalidad. Este triángulo de amigos acaban haciendose íntimos, pero Nicolas, consciente del poder que ejerce en los demás, su encanto físico y sensualidad, utiliza sus puntos fuertes a su antojo para encandilar a sus víctimas, de ese modo, juega abiertamente a la ambiguedad sexual, nunca deja verdaderamente claras sus inclinaciones sexuales e intereses amorosos, todo ello, crea confusión y falsas esperanzas en Francis y Marie, un malsano juego de seducción, que les llevará a poner en peligro su amistad, como suelen decir ”en el amor y en la guerra, todo vale” . Marie y Francis son personajes heridos y perdidos, que no han encontrado un amor que termine de llenarlos, aunque tengan amantes ocasionales.

En definitiva, una película que no me termina de cautivar, pero que en conjunto, por diversos factores (las estupendas interpretaciones del trío protagonista, la excelente dirección de Dolan, la cuidadísima selección musical y lograda fotografía), merece bastante la pena.

 

NOTA: 6,5.

Atlántida Film Fest: ”Tom à la ferme” (Xavier Dolan, 2013)

”Me encantan el poder y la ambición tanto como el romance y la desesperación” (Xavier Dolan)

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Xavier Dolan, es un autor canadiense (escribe, dirige y protagoniza la mayoría de sus obras) que solamente con 25 años, ha demostrado verdadero talento, sensibilidad y agallas a la hora de contar sus historias. Debutó exitosamente con ”Yo maté a mi madre”, un drama semiautográfico (mezcló ficción con realidad, relatando en pantalla, su relación con su madre) con ecos del Truffaut de ”Los 400 Golpes”. En su siguiente cinta (”Los amores imaginarios”, 2010), incide en temas que le apasionan, como la juventud, el amor y la homosexualidad, en un tono semidocumental (la historia central, se ve en numerosas ocasiones, interrumpida con declaraciones de gente anónima, recurso que ralentiza la trama y distrae la atención, lo deseable para mí, sería que dejara de irse por los cerros de Úbeda y continuara describiendonos esa relación a tres de amor-amistad sin pausas innecesarias, con esos personajes tan potentes e interesantes) que la convierte en una especie de estudio sobre las relaciones sentimentales, aunque abusa de las secuencias algo pedantes.

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Las obras de Dolan, incluyendo ”Tom à la ferme” están plagadas de referencias cinematográficas, pero centrandome en ésta última, me parece una mezcla entre ”Mi Idaho privado” y ”La ley del deseo”, con ecos de Roman Polanski y David Lynch (de éste último, él mismo, lo ha reconocido públicamente). De Almodóvar y Van Sant, ha ”heredado” la sensibilidad, el riesgo y la pasión a la hora de narrar sus historias, aunque Dolan tiene sello propio, no puedes evitar recordarlos, especialmente a Van Sant, uno de los grandes genios del cine indie americano reciente.

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”Tom à la ferme” es un thriller claustrofóbico (navega entre el suspense y el drama más descarnado), que nos cuenta la desagradable y enfermiza aventura de Tom (Xavier Dolan) al visitar el pueblo de su amante con motivo de su fallecimiento. Allí se sumergirá en un ambiente opresivo, lleno de represión sexual y se verá sometido al maltrato tanto físico como psicológico del manipulador, narcisista y homófobo hermano de su amado, al mismo tiempo, que se topará con mentiras y secretos desconcertantes. La insana relación (entre el cariño, el odio y la obsesión) que Tom establece con su primitivo ”cuñado” es lo más fascinante de una película, que confirma la madurez, buen hacer y personalidad de un autor tan interesante como Xavier Dolan.  Me ha encantado. Muy sólida y sutil.

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